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The First Twenty Years (Los Primeros Veinte Años)
Madre de un fotógrafo?
Se supone que tengo que decir como se siente ser madre y encima de eso madre
de un fotógrafo? "Quoi"? L'etenite" contesta Marguerite Yourcenar en
Le Labirinthe du Monde. Su respuesta es inmediata aunque es fuerte. No puedo
dar una respuesta que defina lo que es ser madre de un fotógrafo.
Yo se que estoy llorando por
dentro cada vez que le digo adiós a Ernesto al frente del elevador
en nuestra casa o en un aeropuerto. Cada uno de nuestros adioses es un hasta
luego - el me mira sonriendo, su enorme equipaje cargado con su equipo de
trabajo y sus ropas blanca y negra como las imágenes que aparecerán
en sus negativos, cuando la luz escurrida y coagulada en la película
se expande una vez mas en el papel, en el cuarto oscuro.
Recuerdo nuestro adiós
en un elevador de un hotel en la Ciudad de México. Era el primer año
de su vida en Nueva York. Las vacaciones que tenia se habían acabado
y tenia que regresar. Le hubiera gritado:"Quédate con nosotros, vuelve
a Palermo. Termina la universidad. Te faltan solamente unas cuantas asignaturas,
podrías enseñar en el DAMS en Bologna. Pero en ese mismo instante
tuve la sabiduría de Salomón y pude ganarle a la falsa madre
en mi. Tuve la conciencia en aquel momento que si le hubiera gritado aquellas
plegarias me hubiera convertida en la madre humillada por el hijo nacido ya
muerto y a al cual hubiera sido suficiente, para lenir el rencor, la mitad
del hijo de la madre aventurera. He sido verdaderamente dichosa: no destroce
a mi hijo al demandarle que se estableciera en Palermo en un hogar convencional
junto a una bonita esposa, una como Blanca Nieves como en el cuento de hadas
descubierta de nuevo por Walt Disney.
Mejor Ernesto vagando por
el mundo tratando de capturar la existencia que estar empañado
en la banalidad impuesta en el por el ghetto social al que pertenece.
Mejor tenerlo como al pequeño niño volante arriba el pato
salvaje que viene al auxilio de la madre y le regala todas las joyas robadas
a los malos.
Cuando mire el álbum
de Ernesto de Guatemala, tuve la distinta impresión que esas imágenes
habían capturado la vida misma. En sus manifestaciones más
esenciales como el alimentarse, el respirar, el de procrear. En una sola
palabra el acto de ser. En cada imagen ya sea que represente a un humano,
un perro, una carreta hay conciencia del dolor de la vida. La textura
en las piedras, las paredes de la tierra, que son las conexiones de las
cosas, se convierten en uno con los sujetos en las fotografías.
Las tonalidades de los blancos y los negros están cargadas con
la necesidad de sobrevivir. En sus fotos yo veo la cotidianidad y el dolor
de la condición humana.
Esto ocurrió dieciséis
anos atrás. Ahora que miro a las fotos mas recientes, la cola del ave
negro que camina en la pared, aquella del caballo que se vuelve uno con el
joven que lo cuida; el velo de la niña que, madre de si misma, juega
a ser una novia, me doy cuenta con gozo que que la cotidianidad a persiste
y el dolor tiene toda complicidad de una vieja amiga que te urges a pelear
y te das animo para seguir adelante con valentía.
He escrito acerca de ser madre,
pero me hubiera gustado haber empezado estas reflexiones hablando de Cuba
donde estuve recientemente. Porque empezar con Cuba? Porque como Palermo representa
un momento importante en su vida. Me tomo tres días en Habana para
realizar que había caído, novel Alicia, en la Palermo de mi
juventud.
Ahora entiendo como pueden
haber incidido en su memoria visual las casas, las calles, las piedras
de la pavimentación de la Palermo de mi memoria. El punto de partida
de nuestro andar por Palermo era la casa donde vivi mi infancia. Algunas
veces sola, tomando Ernesto por la mano, a menudo con mi padre, recorreríamos
las calles que daban hacia los viejo barrio Árabes de la Kalsa
o de la Albergheria. Le conté de mis juegos de caminantes, le enseñaba
tantas pequeñas cosas, le explicaba todo lo que pertenecía
a mi niñez. Lo había nombrado Ernesto como su abuelo paterno
no solamente porque era la costumbre sino también porque yo sentƒa
un lazo muy fuerte con mi suegro, un gran caballero. Cuando lo encontré por ultima vez para darle mi ultimo adiós, un mes y medio después
de mi boda, le rogué que viniera dentro de mí, dentro al
bebe que había concebido hace algunas semanas.
Ahora estoy segura que Ernesto
Bazan senior acogió mi oración. Todas las memorias de Palermo
de esta persona callada, culta, sabia y radiante con ironía han traspasado
a mi hijo. De que otra forma él podría saber del Palermo de
los anos 30 cuando empezó a escribirme que en sus viajes alrededor
del mundo algunos lugares le acordaban de Palermo de aquellos años?
Luego conoció Cuba y fue una fulminación.
Leticia Russo Bazan
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