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Grupo Emotionally Attached
© Chad Anderson
© Chad Anderson
© Chad Anderson
© Chad Anderson
© Chad Anderson
© Chad Anderson
© Chad Anderson
© Chad Anderson
Estoy sentado delante de mi escritorio mientras la música sale suave desde el stereo de
mi oficina. La voz de Norah que sabe a cigarro y whiskey se difunde en mi estudio y
por un momento mi mente regresa a los campos y a los pueblos del Valle del Sagrado.
¿ Ha sido solamente hace diez días? Parece un tiempo suspendido desde la
realidad, pero ha sido verdadero, es real. Quizás más real del trabajo
que me espera aquí dentro. Veo los antepasados de los Incas relacionarse con la
tierra, con sus animales, y conmigo. Arrancan una existencia en la tierra roja con sus manos
desnudas, parándose de vez en cuando para festejar su espiritualidad. Maras es
mágica. La procesión a mi alrededor ha cambiado poco en los últimos
400 años, pero yo he cambiado en un día. La cámara me ayuda a ver
un mundo invisible a mis ojos desnudos. Espero que otros puedan verlo. Todo esto me motiva
a fotografiar. Le he pedido a Ernesto de ayudarme a enseñar a otros este mundo
de magia, belleza, vida y muerte. He escogido bien mi maestro. Ernesto me hace notar
momentos de belleza y de magia y me guía a transportarlos arriba de la
película. “Acércate” me dice, “Justifica”
(un gran maestro y un estudiante lento). Su visón esta en sintonía. Cuando
Dios escogió Ernesto, lo escogió sabiamente. Si Dios querrá
regresaré a Perú, regresaré con Ernesto. Mis ojos aún
no están maduros, pero han cambiado completamente.
Chad Anderson
© Giorgio Negro
© Giorgio Negro
© Giorgio Negro
© Giorgio Negro
© Giorgio Negro
© Giorgio Negro
© Giorgio Negro
© Giorgio Negro
Saco, saco…saco aún. Finalmente, después de tantos años vividos adentro de
otros deberes, otros compromisos, vuelvo a abrir esta gaveta donde había guardado mi sueño
de siempre. Un sueño tan lindo y sencillo, pero a veces tan esfumado, lejos, inalcanzable: ser
fotógrafo.
Y ahora estoy aquí en el Cuzco. Persigo sonrisas de niños, gestos de mujeres y hombres
que no conozco, que no me conocen, pero que no me niegan un precioso regalo: un instante de su vida,
por que pueda llevarlo conmigo, por que se convierta en un instante de mi vida también.
Respiro el aire frío de estas montañas y el calor de esta gente, el incienso de
las iglesias y la alegría de las fiestas. Estoy feliz. Gracias Luda, gracias Chad por haber
compartido esta felicidad. Gracias Ernesto por haberlo hecho posible. Una cosa es inevitable: para
siempre quedaré emocionalmente pegado a ustedes y al Perú. Ahora es preciso no
volver a cerrar nunca más la gaveta.
Giorgio Negro
© Ludmila Ketslakh
© Ludmila Ketslakh
© Ludmila Ketslakh
© Ludmila Ketslakh
© Ludmila Ketslakh
© Ludmila Ketslakh
© Ludmila Ketslakh
© Ludmila Ketslakh
Este ha sido mi tercer taller con Ernesto, y una vez una experiencia maravillosa.
Es difícil describir la extraordinaria belleza y el misterio del Perú;
su pasado colonial, su historia y su cultura. Cada mañana nos aventurábamos
afuera del Cuzco atravesando valles espectaculares y montañas saca aliento. Hemos
visitado ciudades y pueblos pintorescos, colorido mercados indígenas, mientras
aprendíamos tradiciones y costumbres locales. El conocimiento del idioma, de las
tradiciones del país y de su cultura por parte de Ernesto nos han abierto puertas
a situaciones sorprendentes y aventuras inesperadas. Hemos fotografiado el desgollamiento
de cerdos, mujeres colorando sus lanas de forma natural, y fuimos invitado a presenciar un
almuerzo en la casa de los organizadores de la fiesta dedicada a la Virgen del Rosario.
Ernesto me dijo que nunca me había visto tan excitada. Tenia razón, esta
era la primera vez que me he sentido bien fotografiando estas situaciones extraordinarias.
He sido capaz de concentrarme más y de ver una foto completa, mientras era una
participante activa del evento.
Me he sentido también alabada cuando durante las sesiones de edición,
Ernesto ha notado que mis fotografías eran más sofisticadas y refinadas. En aquel
momento he entendido que en alguna manera mis imágenes estaban subiendo a un nivel más alto.
No estoy completamente satisfecha de mi trabajo, pero este viaje ha sido una gran contribución a
mi crecimiento. Me doy cuenta que la manera de enseñar de Ernesto y su dedicación han
jugado un papel importante en mi seguir adelante, y estoy agradecida con el por esto.
Me considero afortunada de haber encontrado Ernesto; me siento privilegiada que pueda seguir sus talleres.
Ha sido un viaje inolvidable: el viaje de toda una vida.
Ludmila Ketslakh
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